En la infección por COVID-19, perder el olfato y el gusto o el sabor de los alimentos son síntomas muy frecuentes, que puede dar lugar a una disminución de la ingesta calórica total, provocando que no lleguemos a las necesidades de nutrientes y de energía necesarias para mantener un estilo de vida saludable. 

Cuando por la infección por COVID-19 se desarrolla una disminución o pérdida total del sabor a los alimentos se denomina hipogeusia o ageusia, mientras que cuando se crea una distorsión del sabor de los alimentos hacia sabores amargos, metálicos o dulces, hablamos de disgeusia.

Para evitar carencias nutricionales cuando perdemos el sabor de los alimentos, existen una serie de recomendaciones que nos pueden ayudar a mantener una alimentación adecuada.

Se debe potenciar el sabor de los platos a través del uso de diferentes especias como pimienta, albahaca, ajo en polvo, cúrcuma… La sal es un potenciador del sabor que se puede usar en este caso siempre que no esté contraindicado por otras patologías. 

Las comidas principales deben incluir vegetales, proteínas y grasas de calidad por lo que se puede incorporar todo en un mismo plato para mezclar sabores, también se puede incorporar diferentes salsas o aliños como aceites infusionados, salsa de tomate casera, mayonesa o alioli casero. 

Cuando por COVID aparece una distorsión del sabor o disgeusia hacia sabores metálicos, las frutas ácidas como el kiwi, el limón o las fresas pueden hacer que desaparezca. 

Hay ciertos alimentos que provocan un sabor más desagradable, como el pescado y la carne, que se puede enmascarar con el uso de aliños o diferentes hierbas aromáticas o triturándolos junto a verduras y quesos curados.

Para mantener una adecuada hidratación si resulta desagradable el agua, se puede infusionar con frutas o añadir zumo de limón, también nos hidratan las infusiones y el té con limón.