Microbiota Intestinal

La microbiota es el conjunto de microbios (en su mayor parte bacterias, pero también hay virus, levaduras y hongos) que habitan en nuestro cuerpo. El lugar en el que hay más concentración de microorganismos es en los intestinos, formando la microbiota intestinal. 

La microbiota de cada persona es diferente. El contenido de bacterias en el cuerpo humano supera el número de células en un factor de 10 y supone del 35 al 50% del volumen del contenido del colon. En ocasiones, se produce un desequilibrio en los microbios que habitan en nuestro cuerpo, lo que se llama disbiosis, que puede suponer un problema para nuestra salud.

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Los probióticos y los prebióticos juegan un papel muy importante en nuestro microbioma.

¿Qué funciones tiene la microbiota intestinal?

Últimamente se le ha dado mucha importancia al estudio de la microbiota debido a sus múltiples funciones en nuestro organismo, alrededor de 20.000 funciones biológicas, que se llevan mediante distintos mecanismos de acción, poco conocidos por ahora. La mayoría de estas funciones están relacionadas con el proceso digestivo, la maduración del sistema inmune y su mantenimiento, la eliminación de sustancias patógenas, el control de nuestras emociones y la gestión del estrés.

Papel de la microbiota en la salud

La microbiota intestinal puede influir en el tracto gastrointestinal y en todo el cuerpo de diferentes maneras, incluida la función de barrera intestinal y la inmunomodulación. 

La microbiota intestinal también es importante para establecer y mantener la inmunidad a través de la producción y la interacción con citocinas y moléculas de señalización, así como los efectos sobre las células inmunomediadoras. Se ha demostrado que varias especies específicas de microbiota suprimen los patógenos, regulan los factores antiinflamatorios (como los factores de crecimiento e interleucinas transformadores) y suprimen los factores proinflamatorios (como el factor de necrosis tumoral), así como estimulan la proliferación de células inmunes. 

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Otra forma en que la microbiota afecta la salud intestinal y de todo el cuerpo es a través de productos que se producen cuando las bacterias del colon fermentan sustancias dietéticas. Como por ejemplo, ciertos carbohidratos, como los fructanos (inulina, oligofructosa) y fibra (incluyendo beta-glucano, psyllium), no se digieren en gran medida y, por lo tanto, son fermentados en el colon por la microbiota. Los subproductos de esta fermentación incluyen ácidos grasos de cadena corta; tales como acetato, propionato y butirato; que puede circular en el cuerpo hacia el hígado y otros tejidos para un mayor metabolismo.

Factores que modulan la microbiota intestinal

Son muchos los factores que influyen en la composición y función de la microbiota intestinal. Entre los más destacables encontramos: alimentación, ejercicio físico, consumo de alcohol, tabaquismo, la edad, el sexo y la genética, lugar de residencia y nacimiento, el número de hermanos, nuestros hábitos higiénicos, contacto con la naturaleza y con los animales, enfermedades y trastornos (inmunes, neurológicos o metabólicos), estado de ánimo y de estrés, ingesta de medicamentos, sobre todo los antibióticos.

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Los hábitos de vida que se llevan a cabo en el ámbito familiar y las decisiones que se toman serán definitorios en la composición y la función de la microbiota intestinal de los niños y futuros adultos. 

Disbiosis

Cuando hay una desproporción del número de bacterias beneficiosas en nuestro intestino, aparece un estado llamado disbiosis. Sustancias como los azúcares refinados, el alcohol, los alimentos fritos y aceites refinados, las grasas trans, los edulcorantes artificiales o ciertos emulsionantes son estudiados como agentes perjudiciales para la microbiota intestinal. Es por esto que llevar una alimentación en la que predominen los alimentos o productos ultraprocesados y pobre en nutrientes, vitaminas, agua y fibra afectará negativamente a nuestra microbiota.

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Alimentación y microbiota

Los patrones alimentarios, como ya hemos comentado anteriormente, desempeñan un papel muy importante en el establecimiento y mantenimiento de una microbiota intestinal sana.

Los prebióticos y los probióticos son dos de los alimentos más estudiados en el ámbito de la microbiota intestinal por sus efectos beneficiosos.

Los prebióticos son ingredientes alimenticios no digeribles, que poseen un efecto estimulador específico sobre poblaciones concretas del tubo digestivo. Los prebióticos necesitan tres propiedades para favorecer a microoganismos beneficiosos para el tubo digestivo:

  • Capacidad para aumentar la cantidad de las bacterias que favorecen la salud humana.
  • Capacidad para escapar de la digestión en el tubo digestivo superior.
  • Capacidad para ser fermentados por la microflora a ácidos grasos de cadena corta.

¿Qué componentes contienen los mejores prebióticos?

  1. Polifenoles

Son aquellos compuestos prebióticos que, debido a sus características químicas, son difíciles de absorber. Esto hace que los microbios salgan beneficiados de esto ya que son capaces de metabolizarlos. Los alimentos más ricos en polifenoles son el cacao puro, el té verde, diferentes frutas como los frutos rojos, la miel cruda y ciertas especias como cúrcuma, tomillo, canela, orégano, entre otros.

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  1. Fibras fermentables

Podemos definir a la fibra como polímeros de carbohidratos de 10 o más unidades, que las enzimas no pueden romper en el intestino delgado. Sobre este tipo de prebiótico, debemos tener en cuenta que, para saber cuáles son las mejores fibras fermentables para los microbios, debemos hacer referencia a los alimentos que contienen la fibra de forma natural. 

Por un lado, están las fibras poco fermentables

Entre estas fibras poco fermentables podemos encontrar lignina, celulosa y algunas hemicelulosas, que son poco metabolizadas por los microbios cuando pasan por el colon, y las excretamos prácticamente enteras a través de las heces. 

Por otro lado, están las fibras altamente fermentables

Estas fibras son metabolizadas por los microbios y producen, entre otros metabolitos, ácidos grasos de cadena corta. Dentro de las fibras altamente fermentables encontramos los fructanos (cebolla, espárragos, alcachofa, plátano…), almidón resistente (patata cruda, plátano verde, plátano macho, cereales y legumbres cocinados y enfriados en el frigorífico…), galactooligosacáridos (legumbres), mucílagos (semillas de lino y de chía), beta-glucanos (avena, cebada, setas…) y pectinas (zanahoria, naranja, manzana, cerezas, pomelo, uvas…).