El término «grasas» hace referencia a un conjunto de nutrientes con una gran heterogeneidad química por su diferente composición en ácidos grasos. La unión de estos ácidos grasos da lugar a triglicéridos, conformando lo que se conoce por grasas. 

Las grasas proporcionan un elevado aporte energético (aproximadamente nueve kilocalorías por gramo), por lo que resultan imprescindibles para el ser humano. Además, también son importantes por otras múltiples funciones estructurales y reguladoras, sobre todo en los niños.

Los ácidos grasos, que componen las grasas se clasifican por la presencia o no de dobles enlaces en su estructura. Cuando no contienen ningún doble enlace se trata de ácidos grasos saturados (AGS), pero si presentan un doble enlace se tratará de ácidos grasos monoinsaturados (AGM) y si en su estructura presenta más de un doble enlace, se trata de ácidos grasos poliinsaturados (AGP). 

En la mayoría de los casos, estos dobles enlaces se encuentran en disposición cis, aunque también es posible encontrar ácidos grasos con dobles enlaces trans, de los cuales se ha aumentado mucho su consumo al haber incrementado el consumo de productos ultraprocesados, sobre todo en los países industrializados. Estos últimos se generan durante el procesado de las grasas, con el objetivo de conseguir productos más palatables.  

Clasificación

Dentro de los AGP existen dos familias: los omega- 6 y los omega-3. Dentro de estas familias se encuentran los llamados ácidos grasos esenciales (se obtienen mediante la alimentación): ácido linoleico (AL) que pertenece a la familia de los omega-6 y el linolénico (ALA) que pertenece a los omega-3. Éstos tienen funciones biológicas muy importantes, entre las que destacan la conservación de la funcionalidad de las membranas celulares. A partir de estos ácidos grasos esenciales, el organismo genera ácidos grasos más largos como los ácidos eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA), ambos de la serie omega-3 y ácido araquidónico (omega-6) que son indispensables para el desarrollo del sistema nervioso de los niños.

En los AGM se encuentran los omega-9, que no se consideran esenciales. Destaca el ácido oleico.

En cuanto al colesterol, lo encontramos en las células de origen animal. Es fundamental para nuestro organismo, ya que participa el la síntesis de hormonas, se utiliza para segregar bilis y mantiene la fluidez de las membranas celulares.

¿Dónde encontramos estos ácidos grasos?

Los AGS tienen procedencia animal (lácteos y carne), los AGM tienen procedencia vegetal y animal (aguacate, aceite de oliva…) y los AGP tienen procedencia tanto animal como vegetal (huevos, lácteos, semillas de lino, nueces, pescado azul, aceite de girasol…).

Grasas en la alimentación infantil

Hoy en día, gracias a la investigación, se sabe que a diferencia de lo que siempre se ha pensado, las grasas son un elemento muy importante para nuestro organismo, y en el caso de los niños y adolescente, al estar en una etapa de crecimiento y desarrollo tanto físico como intelectual, son indispensables. El primer año de vida es de vital importancia ya que es el momento en el que el desarrollo es constante. No obstante, a partir de los dos años, aunque el crecimiento se estabiliza, el consumo de grasas sigue siendo fundamental para el desarrollo del sistema nervioso.

Hoy en día contamos con varias recomendaciones acerca del consumo de las grasas. 

Existe la “American Academy of Pedriatics” y la “American Heart Association”, donde se establece que para niños mayores de dos años se debe tener un consumo total de grasas del 30-35% de la dieta, de los cuales el consumo de AGS debe ser menor del 10%, AGP hasta un 7-10%, siendo el resto procedente de AGM. También se recomienda mantener una ingesta de ácidos grasos trans menor al 1% del valor calórico total y limitar a 300g/día la ingesta de colesterol.

En cuanto al aporte de DHA y EPA, no hay recomendaciones específicas para esta edad. Esto es debido a que estos ácidos grasos no son esenciales, ya que los sintetizamos a partir del omega-3.

Hoy en día, gracias a todo lo estudiado, se sabe que lo que realmente importa es la calidad y no tanto la cantidad de las grasas, ya que no todas las grasas son iguales y por ello no se deben generalizar. Por lo tanto, lo importante es cuidar la calidad y procedencia de la grasa y evitar las grasas que encontramos en productos ultraprocesados, ya que suponen un riesgo alto para la salud a corto y largo plazo en niños.

Continuará en la segunda parte