Se trata de una enfermedad multifactorial donde existen factores ambientales (tabaquismo, fármacos, estrés, dieta, infecciones), factores genéticos, modificaciones en la microbiota intestinal (disbiosis) y cambios en la respuesta inmunitaria (pérdida de la respuesta inmunitaria frente a antígenos de la microbiota, actuación del sistema inmune incontrolada).

Dentro de la EII existen dos tipos: Enfermedad de Crohn, donde se ve afectado cualquier tramo del tubo digestivo (desde la boca hasta el ano) y Colitis ulcerosa, donde sólo se ve afectado el colon. 

Los síntomas de la EII varían en cada persona, pudiendo aparecer diarrea, dolor abdominal, sangre en heces, pérdida de peso, fatiga, lesiones anales, fiebre y manifestaciones extraintestinales (articulares, dermatológicas, oculares).

La EII se puede diagnosticar mediante: 

  1. Pruebas endoscópicas (Ileocolonoscopia, enteroscopia, gastroscopia, cápsula endoscópica). 
  2. Pruebas analíticas: sangre y heces.
  3. Historia clínica: se deben valorar síntomas.
  4. Pruebas radiológicas: enteroresonancia, ecografía intestinal, resonancia pélvica, ecografía endoanal…).

Recomendaciones generales: aunque hay síntomas comunes en la EII, no todas las personas que la padecen presentan los mismos síntomas. No obstante, hay recomendaciones generales para población con EII: 

  1. Practicar actividad física regular.
  2. No fumar.
  3. Exposición solar adecuada. 
  4. Dieta adaptada en cada caso.

El tratamiento puede ser farmacológico, quirúrgico y/o nutricional (adaptado a cada caso). La ALIMENTACIÓN EN EII siempre debe ser adaptada para cada paciente y dependiendo del momento de la enfermedad que se encuentre, ya que se pueden manifestar diferentes fases: 

  • Fase de remisión: fase asintomática donde se debe llevar una dieta saludable, rica en nutrientes, equilibrada y variada.
  • Brote: cuando reaparecen síntomas hay que hacer una evaluación del paciente y hacer una dieta adaptada (pobre en fibra, en grasas, lactosa, adaptadas en calorías)
  • También hay que adaptar la dieta en caso de estenosis, enfermedad perianal, cirugía…

Son muy habituales los déficits nutricionales en la EII por diferentes causas: aumento de pérdidas gastrointestinales, aumento de requerimientos nutricionales, disminución de la ingesta de alimentos por dolor tras cada ingesta o alteraciones del gusto y malabsorción de nutrientes por diarrea, SIBO, inflamación de la mucosa….

Los déficits más comunes son falta de hierro, vitamina D, calcio, Zinc, vitamina b12 y ácido fólico. Se debe a esto la importancia de un abordaje multidisciplinar por parte de médicos y nutricionistas para evitar la malnutrición y carencias en la alimentación. 

Belén Ortuño.