Hoy en día, por nuestro estilo de vida es muy fácil adaptarnos a una alimentación poco saludable. Por lo general los problemas de salud no se presentan hasta la mediana edad, pero es cierto que el sobrepeso y la obesidad se presenta de manera más temprana y no es casualidad que la obesidad infantil en nuestro país no deje de ir en aumento. 

El alto nivel de estrés nos hace muchas veces abusar de comida rápida, sacar poco tiempo para hacer deporte o comer más por ansiedad, además, casi todo nuestro tiempo de ocio se comparte con amigos y seres queridos alrededor de actividades gastronómicas donde se suele comer platos deliciosos, pero no siempre equilibrados.

Estas condiciones hacen que nuestro paladar se habitúe a sabores muy potentes y suculentos que ofrecen un gran placer, pero que nos aporta gran cantidad de kilocalorías. 

El día que intentas comer sano te encuentras con sabores que no te resultan muy atractivos y terminas desplazándolos o camuflándolos junto con alimentos mucho más sabrosos a la par que calóricos.

Para que puedas comenzar a cuidar tu alimentación, ya que es tu intención porque estás leyendo esta entrada, te propongo unos cuantos consejos:

Educa tu paladar

Algunas veces hay que hacer un pequeño esfuerzo para llegar a acostumbrarte a algunas texturas y sabores que en principio no te resultan placenteros.

El paladar se va modificando según tu rutina alimentaria y por lo general influye mucho tu alimentación en la infancia. Es decir, si un niño no ha comido verduras es más complicado que las tome en la edad adulta. Pero, lo bueno es que el paladar puede evolucionar y podemos llegar a disfrutar de los sabores que antes no nos gustaban

Organiza bien la compra

Si a la hora de llenar tu nevera y tu despensa de comida es mejor tener en cuenta los alimentos que realmente te interesan y no tanto lo que te apetece. 

Pues de no tener una mínima organización puedes llenar la casa de alimentos insanos que seguro te apetecerán más cuando llegues a casa con hambre. Por eso es importante tener fruta y verdura a mano, tener alimentos preparados con antelación como por ejemplo huevos duros que pueden aguantar unos días en la nevera.

Prepara bien las raciones y mastica lentamente

Abusar de raciones excesivamente grandes también puede provocar a largo plazo un aumento de peso. De igual modo es importante no comer con ansiedad y masticar lentamente, pues la sensación de saciedad puede tardar un poco en llegar. Si comemos muy rápido metemos muchas kilocalorías a nuestro organismo.

Toma más fruta y verdura

A pesar de ser un tópico, es cierto que por lo general solemos tomar menos cantidad de estos alimentos que lo que nos aconseja la OMS (al menos 5 raciones al día entre fruta y verdura).

La fruta tiene mala fama por contener fructosa, el azúcar de la fruta a los que muchos temen. Pero realmente también tiene mucha fibra y no se puede comparar con un azúcar simple siempre y cuando no se consuma en forma de zumo. 

Intenta comer más alimentos integrales

Es mejor consumir hidratos de carbono en su forma integral o sin refinar. Es decir, pasta o arroz integral, quinoa, legumbres, patata, etc. Pues estos liberan sus azúcares de manera lenta ofreciendo energía de larga duración. Además evitan los picos grandes de insulina que producen luego una sensación de hambre. 

Mejor proteína con calidad

La cantidad de proteínas que debemos de tomar en nuestro día va a depender de nuestra constitución, el deporte que practiquemos y si tenemos algún problema renal.

Lo mejor es tomar proteína tanto animal como vegetal y sobre todo huir de todos los productos alimenticios que aparentemente son carne o pescado y no dejan de ser una mezcla de sustancias poco nutritivas. Como, por ejemplo: las salchichas, los palitos de cangrejo, etc.

Las grasas también son necesarias, pero no de todo tipo

La realidad es que nuestro cuerpo necesita un porcentaje importante de grasa al día. El problema viene por la cantidad de grasa trans y parcialmente hidrogenada que utiliza la industria alimentaria. Se pueden tomar grasas presentes en los alimentos sin abusar de ella y la mejor opción sería tomar aceite de oliva virgen extra. Otra fuente de grasa muy sana son los pescados azules que nos ofrecen omega-3.

Cuidado con la sal y el azúcar refinado

Uno de los problemas a la hora de cocinas suele ser el abuso de sal o azúcar simple. Para evitar esto lo mejor es recurrir a todo tipo de especias que nos puedan mejorar el sabor de los alimentos, así como reducir o eliminar la sal del salero, pues los alimentos ya cuentan con sal de manera natural. También podemos usar canela, esencia de vainilla o algún edulcorante para bajar la cantidad de azúcar refinada. De todos modos, como ya hemos comentado anteriormente educar el paladar es fundamental.

Planifica tu vida social

Si realmente pretendes cuidar un poco más tu salud tienes que saber que un exceso de vida social puede ser un problema. Todo depende como sea tu ocio, pero por lo general se come y se bebe más de la cuenta y también se trasnocha perdiendo horas de sueño y de descanso.

Está genial que te lo pases bien, pero si tiene mucha vida social deberías planificar un poco el conjunto de la dieta semanal. También puedes intentar alternar las quedadas con tus amigos para salir a caminar, hacer senderismo o quedar tomar café o una infusión en vez de quedar solo para comer, cenar o salir a beber alcohol.

Las bebidas también tienen kilocalorías

Otra cosa que olvidamos fácilmente es que las bebidas pueden tener muchas calorías. De hecho, salir una noche de copas es algo doblemente perjudicial, ya que por un lado perjudica al hígado y por otro a nuestro metabolismo, pues es una bomba calórica. 

Por eso la bebida más saludable e hidratante que realmente te quita la sed es el agua.  

Ahora ya tienes muchas más herramientas, ¡comienza a cuidarte ya!